Koichi Yairi construyó un universo visual que parece rescatado de una película que nunca existió: blanco y negro, líneas limpias de animación de mediados de siglo, personajes que miran al vacío con una tristeza suave. Su fantasma es la criatura central de ese mundo y lo ha repetido en decenas de formatos sin que pierda fuerza.
Esta versión es la más ambiciosa de todas. A 30 cm de alto y con un cuerpo de resina y aleación pintado a mano, abandona el territorio del art toy y se para como escultura: tiene peso, tiene presencia y pide pedestal, no vitrina.
La produjo Flexx Lex, el estudio británico que trabaja con artistas contemporáneos en ediciones cortas de objeto escultórico, y se presentó también a través de WOAW Gallery en Hong Kong, una de las galerías que mejor ha empujado la carrera de Yairi fuera de Japón.
La tirada es de 300 piezas numeradas, cada una con certificado de autenticidad firmado. Es de las obras de Yairi que más rápido desaparecieron del mercado primario y la que marca el techo de precio de su catálogo.
Incluye: escultura numerada y certificado de autenticidad firmado.












